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Crónica de un MP3 centrifugado

6 \06UTC mayo \06UTC 2007

Hace ya bastante me compré mi tercer MP3. Y fijáos en lo lucrativo que puede llegar a ser este negocio: Son tan pequeños, manejables y a la vez tan caros que es muy fácil perderlos o romperlos y tener que comprarte otro por no poder vivir sin él.

Mi primer MP3 era de una marca extraña. Era negro, bastante rechoncho, 256MB. Un día, jugando con cierto generador eléctrico me dio por tocar el reproductor sin descargarme, y me cargué toda su electrónica. Uno menos.

El siguiente era rojo, marca redbell, también de 256MB. Parecía un poco mejor, pero cuál fue mi sorpresa al ver que tiene exactamente el mismo Firmware del anterior (mismo no, seguramente otra versión, pero la base era la misma). Este lo jodí con cierto experimento relacionado con ponerle fondo musical a la línea telefónica: Algo empezó a arder por dentro (vi la llama) y los bajos desapareciero. Me desquicié y tiré con él.

MP3 Redbell

Hasta el tercero. Éste es el duro: Tenía 1 GB de capacidad, marca Best Buy y (adivinad), el mismo Firmware que los dos anteriores. Total, que el segundo día de usarlo, descubro que mi madre lo metió en la lavadora, por no mirar qué hay dentro de los pantalones.

MP3 Best Buy 1GB

Estupendo, ya me podía ir despidiendo de él y de mis cascos (unos Genius, bastante buenos, por cierto). Mi madre intentó secarlo, y… ¡cuál es mi sorpresa al ver que seguía funcionando! Sólo que los cascos sonaban como si estuviesen bajo el agua – que todavía no habían secado -, pero no le di importancia y hasta hace unos días sin incidentes duró como un campeón.

¿Qué pasó hace unos días, os preguntaréis? Pues una serie de sucesos extrañamente síncronos. Primero, que empezamos los exámenes finales en el instituto. Segundo, volviendo de casa de un colega se me cae el MP3 al suelo y el cristal se resquebraja. Y tercero, descubro que al día siguiente (sábado por la mañana – medio día) mi madre ha vuelto a meterlo en la lavadora.

Con el cristal resquebrajado, y empeorado con los giros y golpes del tambor de la lavadora, no me quedó más remedio que admitir su muerte. Así que aprovechando mis contactos, pude hablar con el tío de la tienda de informática para que me vendiese el único MP3 que tenía en la tienda, ya casi a punto de cerrar. Total, que me compré un MP3 por tarjetas SD, sin marca, con display de siete segmentos, que sólo entendía ese formato (MP3), que no mostraba el nombre de las canciones y que sólo era capaz de leer las canciones localizadas en el directorio raíz de la tarjeta (tremenda estupidez, pues todos sabemos que en un sistema VFAT, el directorio raíz tiene entradas limitadas, y yo en una tarjeta SD no voy a meter sólo canciones, obviamente). Vuelvo a casa, copio canciones desesperadamente (con carpetas, todavía no sabía de las limitaciones del reproductor y me marcho a casa de mi abuela a comer, como cada fin de semana).

A la vuelta descubro las limitadas capacidades del reproductor relacionadas con los directorios, así que me cabreo, lo apago y me vuelvo de mala hostia a casa. Entonces mi madre me dice: “¡Pero si tu MP3 funciona!”. Lo compruebo y, efectivamente, es así. Total, que con todo lo que ha sufrido, sigue siendo mi MP3 predilecto.

El destino nos ha unido😉

Saludos

2 comentarios

  1. Pues… me podías dar el nuevo, veo que no te gusta mucho.
    Mañana llévalo a clase, yo consigo un mp3 nuevo y tu te deshaces de algo tan horrible.


  2. ese mp3 me recuerda a ciertas hojas amarillas🙂



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