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Como en el anuncio de Coca-Cola

20 dUTC Junio dUTC 2007

Ayer fui a la estación de tren a cosa de las ocho, ocho y media. Cómo no, es nuestro sagrado hangout particular, y lo será así durante un tiempo indefinido. Y en el camino, tras apenas haber caminado unos metros me fijé en la gente que venía en la otra acera.

Dos pseudopijas de tercero de ESO (con sus modelitos tipo Super-Bitch, las conocí en una situación muy poco propicia, Herminio sabe cuándo) caminaban en dirección contraria a la mía. Discutían sobre un tema seguramente insustancial.

A pocos metros detrás de ellas caminaban otras dos chicas, estas ya de mi edad (de hecho, eran de mi curso y de mi mismo instituto), también hablando. Quizá hablasen de algo más trascendente, quizá no.

Y en ese momento es, como en el anuncio de Coca-Cola, en el que te das cuenta de que perteneces a otra generación. Hace tres años me habría encontrado en la misma situación, pero con los puntos de vista invertidos: Estaría en 3º de ESO, intentando comprender los crípticos teoremas de nuestra profesora de Matemáticas, y en el patio y a mi alrededor vería a gente dos o tres años mayor que yo (que sólo conocería de vista) que no volvería a ver más que en algún día festivo. Gente que ya era de otra generación, pero mirando hacia arriba, y de los que no sabía nada más que simplemente existían.

Yo me hacía muchas preguntas sobre esa gente. ¿Cómo serán de complicadas sus vidas? ¿Cuánto habrá cambiado su forma de pensar desde que iban en 3º de ESO hasta entonces? ¿Cuánta teoría tendrían que estudiar para aprobar? Y sobre todo… ¿cómo demonios harían para estudiar la Selectividad sin morir en el intento?

El caso es que los años pasaron, y mi mentalidad fue evolucionando de una manera casi inconsciente. Ese principio antisocial con el que cargaba fue evolucionando hacia un analitismo social casi paranoico, que en primero de Bachillerato reevolucionó por cierta situación que no me esperaba y que ante una decisión entre dos cosas que se me ofreció entre primero y segundo acabó por cuajar (ahora pienso que sería más feliz si hubiese elegido la otra cosa). Entonces me encontré en segundo de bachillerato, agobiado más que nunca, más impredecible que nunca (hice cosas que meses atrás creería imposibles), descubriendo las posibilidades de las emociones humanas, sacando mejores notas que nunca, racionalizando la emoción, emotivizando la razón, desbanalizando el instinto… hasta que terminé la Selectividad.

Ahora estoy aquí, escribiendo esto, y me he dado cuenta de que poco a poco las cosas han cambiado diametralmente de posición. Cuarto de ESO no fue especialmente difícil (a excepción de la Tecnología y la Historia explicada por un profesor que todos conocemos: «Mil oito eeh, mil oito eeh, mil oito eeh, mil oito eeh…»). Primero de bachillerato fue el curso más fácil por el que pasé (junto con primero de ESO). Y segundo de bachillerato fue el más difícil (desde la perspectiva de la técnica de la víspera), hasta que comencé a estudiar. De hecho, creo que aprendí más cosas (útiles) y me interesé más por todo en 2º de Bachillerato que en toda la ESO y primero de bachillerato juntos. Saqué mi primer pleno de sobresalientes y mi primer “casi pleno” de dieces. Y sigo pensando lo que es la vida, cómo de graduales son los cambios, cómo te acomodas a las nuevas situaciones casi sin interarte.

Y por esta sensación pasarán otros, y otros y otros. Hasta que nos cambien el sistema educativo, claro.

En fin, lo que son las cosas. Ahora que lo recuerdo: Hoy soñé que las pijas (aparecían mencionadas así en este sueño, aunque yo sabía que se referían a las chicas del conjunto SP/NP) escribían en un dialecto llamado l’ocssità (sí, sí, con dos eses), que viene siendo una mezcla de “k” con supresiones de “e” y otras vocales, añadiendo vocablos ingleses sin venir a cuento. Y que era un dialecto que abarcaba sobre todo una franja que pasaba por Galicia-Castilla y León-Madrid-Castilla – la Mancha-Murcia. También soñé con gente de clase, y con una discusión de “qué lengua se habla en Etiopía”. Y sobre todo trenes, más y más trenes. Sí, le doy mucha importancia al mundo onírico.

Saludos

Un comentario

  1. A mi también me ha pasado esa situación, uno veía tan lejano “ser mayor” y ahora es al revés, ser mayor no es nada del otro mundo, solo conlleva más carga de responsabilidades y quieras o no no ser diferente pero si tener otra perspectiva de las cosas, no es lo mismo un problema a los 15 años que ese mismo a los 25, a los 25 nos parecerá una chorrada.
    La eso es fácil 1 primero de bachiller, ami segundo se me hizo más cuesta arriba, y la universidad ahí sí que vi muchas cosas negras, y que saque asignaturas imposibles, me di más cuenta de lo que puedo hacer en primero de carrera que en bachillerato que tampoco era tan complicado, seguramente lo que se me trabe ahora, cuando tenga 30 años diré menuda chorrada, y tendré otras preocupaciones, pero sin duda seguiré siendo el mismo de cuando los 15 y los 25, la personalidad no creo que me cambie nunca, soy como soy y bebo PEPSI es más dulce.



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